By Lindsay Hartfiel
In January 2010, I quit my 9-to-5 salaried job and hightailed it out of the United States. I headed to Costa Rica to become a certified TEFL (Teaching English as a Foreign Language) teacher. I had no idea what to expect. Being a teacher had honestly never even crossed my mind.
I had studied Journalism at the University of Wisconsin-Madison and had been working in a corporate marketing department for more than three years. I was a nervous wreck speaking in front of people. But I was willing to explore this frightening, yet possibly rewarding opportunity.
After several months of research, I found a program called Costa Rica TEFL in Sámara. The program not only received excellent reviews, but I would be returning to a familiar place. Only months before I had set out for my new career, I had gone on an adventure trip to Costa Rica and fallen in love. The people, the environment and the lifestyle were mesmerizing.
After whitewater rafting on the Pacuare River and hiking around the Arenal Volcano in March 2009, my friend and I headed to Sámara. A mixture of foreign blood and local wannabe Rastafarians epitomized the eclectic nature of the town. I quickly became enamored by this place.
Ten months later I returned to Sámara to embark on an intensive four-week TEFL course. We were not just learning how to teach English, but we were actually placed in the classroom to put our newfound skills to use.
My first class, I was partnered with another classmate. Fortunately, my obsessive organizational personality was countered by my partner’s laid-back, go-with-the-flow attitude. Our first class went surprisingly well. The students, as far as I could tell, had not only enjoyed the lesson, but had learned something as well.
The next four weeks went by in a blur. In contrast to the busy weekdays, the weekends were a time to enjoy the beach and warm weather. It was the first time in a very long time that I was truly enjoying each day. I was living the “pura vida” lifestyle.
Unfortunately, as soon as I found myself settling in to Sámara, I was forced to leave. I found a job near the capital city of San Jose. I would be teaching English to three to five year olds. I was not really a kid person, but thought it’d be fun.
Turns out my instincts were completely off base. I had become a babysitter to a bunch of screaming, inattentive kids. This was not part of my plan.
I failed miserably. The one thing I had tried to do — teach English— I couldn’t do. I was lost. I had no back-up plan. So, I headed back to Sámara.
I signed up for Spanish classes at the local language school —Intercultura. I quickly became friends with other students attending the school. And, as luck would have it, I also starting helping out at Graphic Jam — a local graphic design company. And, a few short
months later I started working as a contract editor/writer for my former employer in the United States.
Life couldn’t have been more perfect. Well, almost. There were the occasional cockroaches, the non-air conditioned rooms and the shivering cold showers. But these were minor hiccups. In general, live was pretty darn good.
So, why did I leave? Well, that had been the plan. I went to Costa Rica intending to stay for a year. That year came and went…six more months in Costa Rica, I decided. June 2011 I would return to “reality.”
Unfortunately, my return to reality was not easy. I left behind a new love, some of my closest friends and a beautiful community. I greeted my parents at the airport with tears streaming down my face. I was back to reality. But I wasn’t happy.
Out of my sadness and longing for Costa Rica, came Native Foreigner. An online community and magazine dedicated to travelers just like me. A place to tell our stories and experiences to one another.
I set out for Costa Rica to change careers. What I received in return was an appreciation for life. Costa Rica had changed me. Some will quickly adjust to the lifestyle back home, but others, like me, may find that their future will forever be changed.
En enero de 2010 renuncié a mi trabajo asalariado de 9 a 5 y apresuradamente salí de los Estados Unidos. Tome la decisión de irme a Costa Rica para obtener un certificado como profesora de TEFL (Enseñanza del Inglés como Lengua Extranjera). No tenía ni idea de qué esperar. Honestamente, nunca se me cruzó por la mente ser profesora.
Estudié periodismo en la Universidad de Wisconsin-Madison y por más de tres años trabaje en un departamento de marketing corporativo. El hablar en público siempre me ocasiono muchos nervios, aun así, me dispuse a explorar esta desconcertante oportunidad que podría llegar a ser satisfactoria.
Después de investigar varios meses encontré un programa, en playa Sámara, llamado Costa Rica TEFL. Este programa tenía excelentes críticas. Además, yo tendría la oportunidad de volver a un lugar que ya me era familiar. Tan sólo unos meses atrás, al terminar mi carrera, me fui de viaje a Costa Rica y me enamore de ese país. La personas, el medio ambiente y el estilo de vida de ese lugar son fascinantes.
En marzo de 2009, mi amigo y yo, fuimos hacer “rafting” en las aguas bravas del río Pacuare e hicimos un recorrido por los senderos del Volcán Arenal. Luego decidimos ir a Sámara. Ahí, uno se encuentra una mezcla de sangre extranjera y local de rastafarianos personificando la naturaleza ecléctica de ese pueblo. Sin mas ni menos, me enamoré de ese lugar.
Diez meses más tarde, volví a Sámara para empezar un curso intensivo de TEFL que duraba cuatro semanas. En este curso no solo aprendíamos a enseñar el Inglés, sino que al mismo tiempo poníamos en práctica nuestras nuevas habilidades.
En el primer día de clases, los alumnos y alumnas se agrupan en parejas. Por suerte, mi personalidad obsesiva por el orden fue contrarrestada por la tranquilidad de mi compañero, así que me deje llevar. Nuestra primera clase estuvo fenomenal. Pude notar que los estudiantes aprendían al mismo tiempo que disfrutaban de la lección.
Esas cuatro semanas pasaron muy rápidamente. A diferencia de los días ocupados entre semana, los fines de semana eran el momento ideal para disfrutar de la playa y del cálido clima. Por primera vez, en mucho tiempo, logré disfrutar cada día. Estaba viviendo al estilo “pura vida“.
Desafortunadamente, cuando ya sentía que era parte de Sámara, tuve que irme. Encontré un trabajo cerca de la ciudad de San José en donde enseñaba Inglés a niños de tres a cinco años de edad. Sinceramente, a mi no me gustaban mucho los niños, pero pensé que sería divertido.
Me di cuenta que mis instintos me habían engañado. Me convertí en niñera de muchos niños gritones, y con déficit de atención, pero nada de esto era parte de mi plan.
Tristemente fallé. Enseñar Inglés fue lo único que me propuse hacer, y no lo logré. Me sentía perdida. No tenía ningún plan de respaldo, así que decidí irme de nuevo a Sámara.
Me matriculé en clases de español en una escuela de idiomas llamada Intercultura. Muy rápidamente me hice amiga de otros estudiantes que también asistían a la escuela. Tuve la suerte de asistir a una empresa local de diseño gráfico llamada, Grafic Jam . Meses más tarde comencé a trabajar como editora-escritora para mi antiguo jefe en los Estados Unidos.
!La vida no podría ser más perfecta! En ocasiones tuve que lidiar con cucarachas, dormir en una habitación sin aire acondicionado y hasta darme muchas duchas frías. Pero aquellas cosas eran nada más que contratiempos menores. Sinceramente creo que valió la pena haber vivido todas esas cosas.
Así que, ¿por qué me fui de ahí? Bueno, ese había sido el plan. Mi intención era permanecer en Costa Rica un año. Ese año llegó y se fue…entonces decidí quedarme seis meses más, pero en Junio del 2011, volvería a la “realidad”.
Por desgracia, mi regreso a la realidad no fue tan fácil. Deje detrás un nuevo amor, una hermosa comunidad y hasta algunos de mis mejores amigos. En el aeropuerto saludé a mis padres con lágrimas en la cara. De vuelta a la realidad. Pero yo, ya no era feliz.
Vivía con nostalgia añorando Costa Rica, pero luego apareció Native Foreigner. Una revista con una comunidad en línea dedicada viajeros como yo. Un lugar donde contar nuestras historias y experiencias.
Me dirigí a Costa Rica para cambiar de carrera y lo que recibí a cambio fue un aprecio por la vida. Costa Rica me había cambiado. Muchos se adaptarían rápidamente al regresar a casa, pero otros, como yo, se darán cuenta que su futuro cambió para siempre.




